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Vamos a salir; un trabajo de soltar y dejarlos libres

(Por Claudia Espinosa, mamá de Ignacio, del Ambiente Alebrijes TII-B.)

 

“El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto”, una de las frases de María Montessori, que cuando uno la lee suena maravillosa, pero llevarla a la práctica es una de las tareas más difíciles de lograr.

Tuve la suerte de ser elegida por el grupo de Anya, Valeria e Ivana de Dragones (T2A), para llevarlas a su primer “Going out” en coche al Museo Interactivo de Economía (MIDE). El recibir la llamada me llenó al mismo tiempo de emoción y total pánico.

Existen personas que son muy relajadas, que no planean, que se dejan llevar, que no les importa si sus hijos traen suéter o llegan a tiempo a la escuela, yo no soy una de esas personas.

En una ocasión me hicieron la prueba de personalidad Myers-Briggs y mi resultado leía algo así: “Este tipo de personas perciben enseguida los procedimientos ilógicos o ineficaces y sienten un fuerte impulso por corregirlos, organizando a la gente y situaciones para orientarlos en la dirección correcta.” Como ven, el soltar no es parte de mi personalidad. El llevar a un grupo de niñas, que no son mis hijas, con la responsabilidad que eso conlleva y no poder opinar, participar, corregir o guiar, fue toda  una oportunidad de aprendizaje.

Como muchos papás fui a la junta impartida por Ana Camila en la escuela para entender cómo funcionaría esta nueva dinámica. Es soltar a los niños en el mundo real, allá afuera, para que resuelvan, aprendan y crezcan. Es la visión cósmica aplicada a la vida real.

El Vamos a Salir o Going Out es una dinámica donde los niños organizan salidas de la escuela, ellos solos, y nosotros somos meramente observadores y estamos atentos a sus indicaciones.

Las chicas venían bien preparadas, traían la información del museo, dinero, la cuota de la entrada, una lista de cosas para investigar, lunch y un mapa de cómo llegar en coche desde el colegio hasta el MIDE. Cuidaron mucho los detalles, como preguntarme qué quería de lunch y llevarme un thermo de agua. Todo parecía estar contemplado a excepción de un pequeñisimo detalle... dónde estacionar el coche.

Mi primera reacción fue: “no importa, lo estacionamos en Bellas Artes, y así solo cruzamos dos calles y listo.” Pero no. En esta ocasión, yo no tomaba decisiones, yo no podía elegir, ni sugerir, ni opinar, solo seguir indicaciones.

Al llegar al museo y ver que no había estacionamiento, Ivana me dice: “Síguete derecho, yo cuando vine con mis papás nos estacionamos en uno aquí adelante.” Muy obedientemente y sin hacer preguntas, seguí manejando, y eventualmente encontramos uno a seis cuadras del museo, desviándonos de la ruta original. Saliendo del estacionamiento, como ya no estábamos en la misma calle, se desubicaron y empezaron a caminar en dirección hacia el zócalo, alejándonos del museo.  Después de seis cuadras una de ellas dijo: “Ya debimos de haber llegado”, y de un momento a otro se encontraron perdidas en el centro histórico, sin mapa y sin saber qué rumbo tomar.

“El niño que ha aumentado su propia independencia con la adquisición de nuevas capacidades, solo puede desarrollarse normalmente si tiene libertad de acción.” María Montessori

Qué razón tenía María Montessori. Necesitamos darles esa libertad de acción para que pongan a prueba todo ese conocimiento. Las niñas al darse cuenta que estaban perdidas, que su mapa no cubría la zona donde nos encontrábamos, y que ya deberíamos de haber llegado, se acercaron con un policía a pedir ayuda. Al mismo tiempo venían muy atentas de sus alrededores haciendo un mapa mental que les ayudó a encontrar su camino de regreso al coche después de la visita.

Claro que hubiera sido más fácil que yo resolviera el dilema de dónde dejar el coche, mi plan era perfecto, y al salir del estacionamiento decidir la ruta que deberíamos tomar hacia el museo; sin embargo toda la dinámica hubiera fracasado. Al tener ellas que buscar soluciones a los embrollos que se les iban presentando pusieron sus conocimientos a prueba, se arriesgaron y llegamos exitosamente al museo.


Es ese instinto de separarse del adulto. Es por ese instinto que aprenden, que arriesgan y logran sus objetivos. Al permitirles ser autónomos y arriesgarse, les damos la oportunidad de equivocarse y cometer errores, y al resolverlos, de aprender y crecer.

Invito a todos los papás que fueron a la junta a llenar los formatos necesarios y apuntarse para participar en esta maravillosa dinámica. 

 

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