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Una educación para la vida

Mucha es la crítica que recibe la Secretaría de Educación Pública, desde el ámbito administrativo hasta los alcances en términos estadísticos sobre la educación en México, sin embargo siempre ha sido una línea conductora tanto para las escuelas públicas como las privadas, e incluso para los ministerios de educación de algunos países latinoamericanos, en donde se han llegado a distribuir los libros gratuitos SEP, mismos que ininterrumpidamente se han editado en español desde enero de 1960 y en lenguas indígenas para ciertos sectores de la población a partir de 1980, y junto con Alemania, los únicos en el mundo en sistema Braille. Estos libros son en sí mismos el programa SEP y su contenido, y se han transformado muchas veces desde su nacimiento hasta el día de hoy.

Y justamente en este punto quiero ligar a la pedagogía y filosofía Montessori con la propuesta del nuevo modelo pedagógico al que se ha abierto la SEP, parafraseándolos brevemente en los siguientes 14 puntos:

1. El estudiante debe ser el centro del proceso educativo, es decir, buscar que el aprendizaje le sea significativo en su vida.
2. Considerar los conocimientos previos con los que el alumno inicia el ciclo escolar; que su aprendizaje parta de la etapa y momento de desarrollo en los que se encuentre.
3. Proveer de un acompañamiento al aprendizaje, con ambientes preparados y actividades que respondan a las necesidades e intereses de todos los integrantes del grupo.
4. Conocer los intereses del alumnado, lo cual es posible a través de la observación; siguiendo al niño.
5. Estimular la motivación intrínseca del alumno, para que sea él mismo quien construya su conocimiento, por medio de la libertad de elección y repetición, y atendiendo a lo que despierta su curiosidad e interés.
6. Tomar en cuenta la naturaleza social del conocimiento, lo que lleva al trabajo colaborativo y en grupos para aprender. Cada ambiente es una comunidad que comparte dinámicas y responsabilidades, en donde no sólo aprenden de las presentaciones que les da su Guía, sino también del trabajo con sus compañeros.
7. Propiciar un ambiente situado, o dicho de otra forma, respetar la historia, origen y todos los aspectos de diversidad que conforman al grupo, por lo que la vida social y cultural del grupo dentro del aula son punto de partida para crear pertenencia en él y despertar su interés en el entorno.


8. Entender la evaluación como un proceso relacionado con la planeación del aprendizaje, y que comprenda no solo los contenidos, sino también las actividades y las prácticas. Las evaluaciones no son conclusivas ni sumatorias, sino que deben llevar al individuo a resolver problemas de distinta índole, y a la autorregulación cognitiva para que mejore su propio aprendizaje. La evaluación se convierte así en un instrumento de diagnóstico que permite situar al alumno en qué punto de su proceso individual se encuentra, y que no se responde necesariamente con exámenes convencionales o calificaciones numéricas. Las entrevistas son mucho más precisas y efectivas.
9. Modelar el aprendizaje, que implica que los maestros trabajen y resuelvan en el grupo, y no solo dando instrucciones, de ahí que el adulto a cargo sea un marco de referencia que muestra el qué y el cómo del trabajo del niño.
10. Valorar el aprendizaje formal e informal, así como los distintos medios y estrategias de enseñanza. Los niños aprenden a través de su propia experiencia y en la convivencia con los demás, tanto en las presentaciones con materiales como en las diferentes actividades de la vida diaria.
11. Promover la interdisciplina, esto es, que las piezas básicas se transfieran a campos disciplinarios, o bien con una educación cósmica, en donde el aprendizaje significativo sea el que relaciona diferentes áreas a través de un detonante que despierte el interés del niño. Los ambientes, a pesar de ser pequeñas comunidades, también se relacionan con las demás, enriqueciendo el trabajo realizado por alumnos y maestros.
12. Favorecer la cultura del aprendizaje; aprender del error; darle voz al estudiante para que se conozca mejor y se involucre; que genere metas personales y hábitos de estudio, habilidades que se desarrollan gracias a la libre elección, al entendimiento de la causa y el efecto, al permitirle actuar por sí mismo, al autocontrol y la autoconfianza.
13. Aprender de la diversidad y la inclusión en todas sus dimensiones, y transformar los prejuicios, estableciendo metas de respeto, solidaridad y justicia; a través de la experiencia real y cotidiana dentro del ambiente de trabajo. Los ambientes Montessori se convierten en una diversa muestra de la sociedad en la que viven.
14. Usar la disciplina como apoyo al aprendizaje dentro de un ambiente seguro, cordial, acogedor, estimulante y libre, que bien puede traducirse en gracia y cortesía, en el respeto a los límites y el trabajo en armonía.

Como podemos apreciar, la propuesta de María Montessori nació considerando estos aspectos entre otros, subrayando la importancia de los procesos de aprendizaje y el desarrollo de habilidades durante la infancia, la niñez y la adolescencia, es decir, en los diferentes planos de desarrollo, que son determinantes en la formación del carácter y la personalidad del adulto en el que el niño se convertirá. Durante estos periodos el niño despierta sus potenciales sociales, espirituales, éticos, de razonamiento y crítica, escenciales para construir al ser social, capaz de integrarse a su medio, consciente de su papel cósmico y deseoso de contribuir al mundo.

Las tendencias educativas más vanguardistas hablan del aprendizaje significativo a través de la transversalidad de los contenidos, concepto que cobró importancia en 1996 en el “Informe de la Comisión internacional sobre educación para el siglo XXI”, a cargo de J. Delors, y que suena como algo muy novedoso, sin embargo esa es una propuesta que tiene más de cien años, y que las escuelas Montessori tenemos la fortuna de utilizar para acompañar a la autoconstrucción del niño, desde el primer momento que ingresa a nuestros ambientes.

“Los ejes transversales se constituyen, entonces, en fundamentos para la práctica pedagógica al integrar los campos del ser, el saber, el hacer y el convivir a través de conceptos, procedimientos, valores y actitudes que orientan la enseñanza y el aprendizaje. Hay que insistir en el hecho, que el enfoque transversal no niega la importancia de las disciplinas, sino que obliga a una revisión de las estrategias aplicadas tradicionalmente en el aula al incorporar al currículo; en todos sus niveles, una educación significativa para el estudiante a partir de la conexión de dichas disciplinas con los problemas sociales, éticos y morales presentes en su entorno.” Carlos Alberto Botero Chica, Medellín, Colombia.

Y justamente en los ambientes Montessori, son las distintas áreas de trabajo las que representan esas disciplinas, con un contenido y propósito inteligente, que se interrelacionan constantemente de manera natural y fluida, y que particularmente en Taller, son incentivadas con el programa de “vamos a salir”.

Cuando los niños del segundo plano de desarrollo, es decir de Taller, están listos para buscar más información de la que su ambiente les proporciona, somos los adultos quienes debemos facilitarles el trabajo de campo, pero ellos deben realizarlo.

En la práctica, y de manera sucinta, el proceso del programa “vamos a salir”, es el siguiente: el Guía, el maestro de Inglés, la Asistente o cualquier niño, puede llevar al ambiente un tema en particular. Este puede ser producto de una presentación, una lectura, una mesa de observación, o simplemente, de un interés explícito. En el ambiente se proporciona material que despierte más o incremente este interés, pero no se da todo para que los niños tengan la necesidad de buscar más, y es aquí en donde viene la orientación para salir al mundo, a la sociedad, por más.

Estas salidas son con un par o hasta un pequeño grupo de niños que compartan ese interés, y que habiéndolo investigado previamente en el ambiente, identifican qué les falta o hacia dónde quieren profundizarlo, y buscan afuera dónde encontrar esa información, por ejemplo: un museo, una fábrica, un jardín botánico, un zoológico, una tienda, un taller, una exposición; visitando a un especialista o incluso entrevistándola por otros medios, por lo que deben tener claro qué van a hacer y cómo lo van a conseguir, desde obtener la información del lugar, los requisitos que solicitan, la dirección, cómo llegar, qué van a preguntar, comprar o investigar, con qué registrarlo, cómo regresar a la escuela, y finalmente concluir su trabajo.

Se requiere que los niños tengan claro cómo deben comportarse y que estén comprometidos a utilizar su tiempo correctamente, ya que a diferencia de las visitas escolares, éstas son salidas gestionadas por ellos mismos y con base en sus propios intereses. También es importante que vayan acompañados de un adulto que únicamente esté a cargo de su seguridad, pero sin intervenir en sus decisiones, aún cuando se equivoquen, ya que todo lo que suceda y el cómo lo resuelvan, es parte importante de su aprendizaje.

Los niños de Taller no solo encontrarán más información en estas salidas, sino que también pondrán en práctica sus habilidades académicas y sociales, su gracia y cortesía. Se enfrentarán, de una manera amable y supervisada, a las vicisitudes de la vida real, y por lo tanto estarán mejor preparados para integrarse a su sociedad. Los chicos deben tomar acuerdos, organizarse, gestionar, responsabilizarse hasta de lo que cargan, hacer decisiones, administrarse, anotar, reportar, autorregularse, resolver… y tendrán experiencias significativas, ¡aprendizajes de vida!

Para un “vamos a salir” los niños deben estar preparados, y por eso la guía del adulto es indispensable, ya sea orientándolo, haciendo simulacros, llevándolo a experiencias de responsabilidad dentro de la escuela primero, e incluso si fuera necesario, a hacer alguna visita individual con él o ella.

En nuestro caso, la incorporación de este programa se inciará con un acompañamiento muy puntual para generar antecedentes que sirvan de referencia. Necesitaremos de una lista en donde los adultos que quieran ayudarnos como “chaperones” en estas salidas se anoten, indicando días y horarios disponibles, en el entendido de que lo más deseable es que NO acompañen a su propio hijo, y de que serán los niños junto con el Guía, dependiendo de las necesidades, quienes elijan al o los chaperones que se requieran.

“Vamos a salir” es la herramienta Montessori por excelencia que potencializa de manera lógica y sifgnificativa el aprendizaje transversal de todos los contenidos, ya que el tema o motivo de la salida es más un detonante o un punto de partida, que el objetivo último.

La vida es un continuo renacer, del vientre a los brazos, de los brazos al caminar, del caminar a la exploración del entorno familiar, de éste al escolar y posteriormente al social. Somos seres naturalmente sociales y en este sistema Montessori sabemos que la preparación está en las primeras etapas de desarrollo.

 

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